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La ciudad amurallada

  • 905: Sancho Abarca puebla Logroño.
  • 1095: Fuero de Alfonso VI.
  • 1157: Sancho III de Navarra confirma el Fuero y favorece el paso del camino de peregrinos a Santiago de Compostela.
  • Siglo XII: Se cerca la ciudad, se construye el puente fortificado.
  • 1482: Reedificación del barrio extramuros (Judería), dotándola de muralla.
  • 1521: Cerco de la ciudad por los franceses y los comuneros.

La ciudad empieza a configurar su forma en la Edad Media, al constituir su emplazamiento un excelente punto de paso del río Ebro, vital para el Camino de Santiago. El puente, su fortaleza defensiva y el cordón de edificaciones que se apoyan en él formarían una primera fase, de estructura lineal, que se amplía en un crecimiento hacia el sur mediante calles principales sensiblemente paralelas a la inicial y transversales de escasa importancia.

Una muralla rodeaba el conjunto, dejando fuera por el este un barrio que se incorporaría al resto de la ciudad en una operación posterior de ampliación de la cerca. En los siglos sucesivos la limitación física al crecimiento se tradujo en un aumento de la altura de los edificios y en la ocupación de los espacios libres interiores de las parcelas

Ampliación de la información

Sin detenernos en poblamientos anteriores (como los restos romanos recientemente descubiertos) o cercanos (Cantabria y Varea), en épocas tempranas de la edad media parece confirmarse la existencia de pequeños asentamientos situados alrededor de iglesias, como las de Valcuerna, Palacio, Santiago o la Redonda. El germen de la ciudad tal y como la conocemos sería el conjunto puente–fortaleza–camino, da lugar a una ciudad de estructura lineal. Ganaría importancia con el fomento por los reyes del camino de Santiago conocido como francés, en una operación de ordenación territorial para repoblar las tierras de su recorrido. Se distingue todavía este núcleo originario con el trazado quebrado (por seguir las irregularidades de la cornisa), de Ruavieja-Barriocepo, que recuerda en sus características a muchas poblaciones vinculadas al Camino.

La siguiente ampliación, consecuencia del otorgamiento del fuero (1095), inicia una tradición que se aprecia a lo largo de toda su historia; el desplazamiento hacia el sur de la ciudad mediante calles paralelas en sentido este-oeste. Aparece así la calle Mayor, no sólo más recta, sino con un parcelario más regular, resultado de un reparto reglado en lotes. Así se pierde el carácter de ciudad de estructura lineal para aproximarse al de ciudad de plano regular, de forma ahusada, que se repite a lo largo del Camino, con dos ejes longitudinales (los citados este-oeste) y un pequeño número de travesías o cantones transversales, lo que da lugar a manzanas muy alargadas.

Con el trazado de la calle Portales se observa un cambio sensible en la orientación, al girar casi 30º, provocado quizás por la existencia de un espacio de relación y comercio en el área de la actual plaza del Mercado, aunque algunos autores indican la posible incidencia de la antigua vía romana, que tendría esa dirección.

Aunque caben varias hipótesis sobre otros trazados anteriores, más reducidos, no se conoce fehacientemente la existencia de alguna muralla anterior a la que claramente se aprecia hoy, cuyo trazado sería el de las calles actuales de Once de Junio, Muros de Bretón de los Herreros, La Mata, el Carmen, continuando paralelo a Rodríguez Paterna (coincidiendo con la torre de San Bartolomé) para enlazar con el castillo defensivo del puente. Quedaban fuera algunos conventos (Valbuena, San Francisco) y un barrio al este de la actual calle Rodríguez Paterna que tradicionalmente se ha interpretado como Judería. La existencia de este poblamiento extramuros parece más bien motivada por evitar los impuestos que recaían sobre los residentes en el interior (lo que justificaría también la ampliación de la muralla para englobar el barrio) y no a un asentamiento específico de judíos, que estarían dispersos en el conjunto urbano.

La dimensión de las calles y plazas en el centro histórico contrasta evidentemente con las del resto de la ciudad, pero es fruto de las necesidades y medios de la época. Característico es también el parcelario, generalmente estrecho y profundo, en el que tras un cuerpo constructivo en fachada podía haber una pequeña huerta o patio interior. Normalmente las casas correspondían a una sola familia, entendiendo ésta en sentido amplio y comprendiendo los artesanos con sus aprendices, los señores y sus criados, etc. En algún caso, principalmente en Ruavieja, la actividad agrícola exigía edificios más amplios y profundos. Los palacios y casonas nobiliarias tenían también una dimensión mayor, suponiendo la agrupación de varias parcelas. La existencia tanto en el interior de la ciudad como extramuros de conventos era un aspecto relevante en la estructura de la ciudad, así como la agrupación gremial por oficios en determinadas calles.

Durante el siglo XVI se produjo una gran actividad constructiva, con muchas renovaciones de edificios y transformaciones del tejido urbano, adquiriendo a finales de ese siglo un esquema que perduraría hasta el inicio de la construcción de las murallas carlistas. A partir del siglo XVII la construcción entró en un proceso de crecimiento en altura y profundidad de la construcción a partir de las viejas estructuras medievales, con reformas parciales, provocado por el crecimiento demográfico y el constreñimiento provocado por las murallas. Hacia finales del siglo XVIII se inició un periodo de reformas, con el ensanchamiento de varias calles, primeras adecuaciones del paseo del Espolón, entonces fuera de la muralla, apertura de puertas….