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Hidrología

Ebro

A su paso por el municipio de Logroño, el río Ebro se puede considerar como "río de llanura", definiendo meandros en los que se aprecia una escasa actividad erosiva o sedimentaria. La importancia de acontecimientos hidrológicos excepcionales es decir, grandes sequías o grandes crecidas, parece amortiguada, por un lado, por la existencia de embalses en la cabecera del Ebro y en algunos de sus más importantes afluentes (previos a su paso por Logroño), y, por otro, por el efecto regulador que deriva de la restauración de la vegetación natural en buena parte de la cuenca, tanto en las laderas que drenan hacia el río, como en sus mismas márgenes.

Algunos autores sitúan en El Cortijo el comienzo del tramo medio del río Ebro. Es cierto que aún no ha recibido los afluentes que le harán convertirse en el río más caudaloso de la península, pero hay que considerar que en este punto el caudal es el doble que el que posee a la entrada en la Comunidad Autónoma de La Rioja. Este crecimiento de caudal se debe sobre todo a los afluentes de la margen derecha: complejo Oja-Tirón y río Najerilla. De esto último se deduce que buena parte de los rasgos hidrológicos del río Ebro en Logroño se deben al comportamiento de estos ríos, aunque es una afirmación sometida a ciertos matices.

Afluentes del Ebro

El principal afluente del río Ebro en Logroño es el río Iregua, que desciende directamente de las montañas de las Sierras de Cameros. Su caudal medio desciende notablemente en la desembocadura, porque a partir de Islallana ya no recibe aportaciones importantes, y, en segundo lugar, existe un alto consumo del agua por parte de los regadíos del Bajo Iregua y por la misma ciudad de Logroño. Es por esta razón por lo que el Iregua evacua al Ebro lo que corresponde a caudales excedentarios de primavera, en el momento de "aguas altas".

El resto de cauces del término municipal se pueden considerar como regachos y líneas de escorrentía. La mayoría llevan agua únicamente cuando llueve, aunque algunos llevan agua todo el año, debido fundamentalmente a los sobrantes en las aguas de riego. Su régimen hidrólogico es muy irregular, y se debe a la existencia de lluvias fuertes o prolongadas. Puede ocurrir que haya crecidas debido a tormentas estivales, pero éstas no son nunca fuertes y no afectan ni al río Ebro, ni a la red secundaria.