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Geomorfología

Modelados en glacis

Los llamados glacis de la Rad de Varea y de La Plana son una forma de acumulación con funcionalidad muy limitada sometidos a un proceso de degradación muy atenuado ya que la incisión lineal, en forma de vaguadas, apenas progresa por la elevada permeabilidad de los materiales, la reducida cuenca de alimentación y el hecho de que casi en su totalidad se encuentran cultivados.

Formas y procesos ligados a la dinámica fluvial

Las terrazas más altas, que se corresponden con los niveles T2 y T3, presentan sus materiales cementados y coronados por una costra calcárea (aunque rota por la actividad agrícola), que los hace muy resistentes a la erosión, quedando como superficies llanas elevadas. En su mayor parte, estos materiales son o han sido cultivados.

Los niveles intermedios T5 y T6 son terrazas colgadas prácticamente erosionadas y con una coronación pequeña.

El nivel T7, cultivado, se ve muy poco afectado por la erosión, debido a que prácticamente no circulan por él más que pequeñas acequias de drenaje. Los niveles T8 y T9 presentan las mismas características que el nivel T7.

La terraza de inundación actual de los ríos Ebro e Iregua se ve afectada por la actividad erosiva de las aguas sobre todo del Ebro. Sin embargo, debido a las medidas de protección creadas en ambas orillas, ésta se limita habitualmente a las curvas convexas de aquellos meandros en los cuales puede depositar materiales en épocas de avenida. La actividad del Iregua, debido al escaso caudal que vierte al Ebro, se puede considerar muy reducida.

Pero, a pesar de las intensas medidas de protección en las márgenes, y de la progresiva regulación de la cuenca, los riesgos ocasionados por las avenidas no deben considerarse eliminados. De hecho la pérdida de laminación por el constreñimiento del cauce y la desaparición de los sotos, así como el incremento en la velocidad en la onda de avenida originada por las mismas causas, incrementan los riesgos erosivos en las zonas menos protegidas, e incluso pueden incrementar los daños en el caso de desbordamiento y rotura de las defensas.

Formas y procesos de erosión sedimentación

En este apartado se han incluido una serie de superficies y formas, que junto con el cauce actual del Ebro, pueden mostrarse más afectadas por los procesos geomorfológicos y la acción antrópica. En estas superficies los procesos de erosión-sedimentación, aunque siempre atenuados, se muestran más activos que en el resto del territorio, puntualmente pueden llegar a ser importantes y ser susceptibles de evolucionar desfavorablemente ante determinadas acciones ejercidas sobre el medio.

La zona ocupada inicialmente por la cabecera de los glacis se va transformando lentamente en una serie de depósitos de ladera, incrementándose la pendiente y consecuentemente el riesgo de erosión.

Las zonas de laderas desarrolladas sobre las formaciones terciarias, predominantemente arcillosas, aparecen desde prácticamente desnudas hasta cubiertas con una densa cubierta vegetal de matorral o de arbolado bajo, dependiendo de la pendiente y la orientación. En las laderas de mayor pendiente, los procesos erosivos llegan a ser muy acusados, como pueden ser las laderas sur de las lomas del Monte Cantabria, El Corvo o Fonsalada. En estas laderas los procesos de acarcavamiento son muy acusados o pueden llegarlo a ser de forma generalizada, y el riesgo de corrimientos de tierras es un peligro que no hay que desconsiderar.

Sobre los mismos materiales, pero en zonas con pendiente moderada, la escasa permeabilidad de estos materiales, y su gran erosionabilidad favorecen que la arroyada forme barranqueras. Sin embargo, la existencia de una densa red de acequias de riego hace que no se haya detectado este fenómeno en el territorio.

Dentro de este apartado se han incluido los procesos relacionados con la red de barrancos. Los procesos de incisión son importantes en los barrancos que drenan las principales elevaciones, especialmente los que descienden de La Rad y La Rad de Varea, con pendientes acusadas. Estos últimos, pierden continuidad al alcanzar el glacis o las terrazas medias, provocando arroyadas difusas y pudiendo descargar bruscamente la carga sólida.